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LA CARMELA


El laboratorio López Caro comenzó en 1902 en la farmacia de Nemesio López Caro, farmacéutico y profesor adjunto de la Cátedra de Química Orgánica de la Universidad de Santiago de Compostela.

En la rebotica de la farmacia, situada en la calle de las Ánimas, se fabricaban fórmulas magistrales tales como elixires bucales, dentífricos, pastillas de coca y menta y, en concreto, una loción anticanas registrada años más tarde con el nombre de LA CARMELA, que pronto se convertiría en una revolución ya que de forma gradual, en 15-20 días devolvía a los cabellos blancos su color original.

No era un tinte, puesto que no tapaba las canas, sino que era una loción gradual anticanas, que actuaba mediante la unión de los enlaces del azufre presente en la cisteína (aminoácido natural del cabello) junto con el acetato de plomo, principio activo de la loción. De forma que esta reacción química, mediante la absorción tópica del producto desde el folículo piloso, iba sustituyendo a la melanina ausente en los cabellos blancos, desde la raíz, recobrando paulatinamente su color original, bien fuera rubio, castaño o moreno. Después, dos o tres aplicaciones por semana bastaban para mantener el color.

Otra cualidad importante de la loción era su efecto higiénico, ya que eliminaba la grasa y la caspa, incluso la más resistente, por lo que evitaba también la caída del cabello, y mantenía el cuero cabelludo sano. Por eso al principio se llamó "Loción higiénica del Profesor N. López Caro". Además, por su aroma suave y agradable y por su fácil aplicación, se utilizaba también como una colonia, pues solo había que echársela y peinarse como de costumbre. El 5 de febrero de 1923 fue registrada con el nombre de "Agua de colonia LA CARMELA", al parecer en honor de una artista de renombrada belleza en la España de los años 20.

Este invento maravilloso pronto caló en los caballeros de la época, ya que además de su fácil uso, echársela y listo, les mantenía el cuero cabelludo limpio, libre de grasa y caspa, evitaba la caída del cabello y le devolvía su color original siempre rejuvenecido.

Las botellas donde se envasaba la loción eran de porcelana, el material disponible por aquel entonces, y procedían de Barcelona, donde estaban casi todas las fábricas. Debido a las malas condiciones del transporte, la mayoría de los envases llegaban rotos, y la demanda del producto iba en aumento, por lo que llegado el año 1926, el fundador toma la decisión de trasladarse a la ciudad condal, en el bajo y sótano de la calle Caspe, 32, muy cerca del Paseo de Gracia. Comienza allí una labor de expansión a mercados internacionales, formando una sociedad conjunta con J. L. Conde S.R.L. en Buenos Aires, Argentina, para distribuir LA CARMELA tanto allí como a otros países de Sudamérica tales como Uruguay, Perú, Brasil y Venezuela.

En el transcurrir de los años hubo también exportaciones esporádicas a Estados Unidos, Panamá, República Dominicana, Arabia Saudita, Argelia e Islas Filipinas. En Europa se vendió en Portugal, Francia y Alemania. A partir de los años 80, bajó mucho la actividad exportadora por la gran competencia de multinacionales del sector.

El laboratorio permaneció en Barcelona durante un total de 75 años, hasta que la cuarta generación de los descendientes del fundador, decidieron trasladarlo de nuevo a Galicia en el año 2001, estando actualmente ubicado en el polígono del Espíritu Santo, en la localidad de Cambre, La Coruña.



Nemesio López Caro









1959















1960






1923



1917


1924


1928



Símbolo del laboratorio

La Carmela
Fuente: Gastón Cerrini












 

 

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