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Hasta 1440

4 a. C.: Muere Herodes. 8 a. C.: Horacio muere en Roma. 15 a. C.: Se inaugura el Teatro Romano de Mérida, costeándolo Marco Agripa. 19 a. C.: Virgilio muere en Brindisi. 25 a. C.: Augusto funda la ciudad de Mérida. 30 a. C.: Se suicida Cleopatra. 31 a. C.: Augusto Octavio derrota a Marco Antonio y a Cleopatra en la batalla de Accio. 43 a. C.: Nace Publio Ovidio Naso, Ovidio. 44 a. C.: Julio César es asesinado por su sobrino Marco Julio Bruto. 45 a. C.: Julio César instaura el calendario Juliano. 47 a. C.: Se funda la Biblioteca de Alejandría, con más de 500.000 volúmenes. 51 a. C.: Cleopatra es coronada reina de Egipto. 63 a. C.: Nace en Alejandría Cleopatra, reina de Egipto. Nace en Roma Augusto Octavio, muriendo en el año 14 d. C. 65 a. C.: Horacio nace en Venosa. 70 a. C.: Virgilio nace en Ardes. 100 a. C.: Los sirios inventan el soplado del vidrio para hacer envases y botellas. 102 a. C.: Julio César nace en Roma. 106 a. C.: Nace el filósofo Cicerón, muriendo en el año 43 a. C. 133 a. C.: La celtibérica Numancia (Soria) es atacada por los romanos, y tras siete años de resistencia y antes de rendirse, incendian la ciudad muriendo todos dentro. 183 a. C.: Aníbal se suicida en Bitinia. 200 a. C.: Se construyen los guerreros de Qin Shihuang, 8.000 soldados de barro, alguno de ellos mide dos metros, mandados construir por el emperador Qin Shihuang, de quien es también la Gran Muralla china. 201 a. C.: 2ª Guerra Púnica de los cartagineses. 212 a. C.: Muere Arquímedes. 218-219 a. C.: Aníbal cruza los Alpes. 220 a. C.: Se construye la Gran Muralla china. 287 a. C.: Arquímides nace en Siracusa. 292 a. C.: Se construye el Coloso de Rodas. 322 a. C.: Muere, exiliado en la isla de Chalcis, Aristóteles. 323 a. C.: Muere Alejandro Magno. 331 a. C.: Alejandro Magno conquista Egipto y funda Alejandría. 332 a. C.: Alejandro Magno llega a Egipto para liberarlo de los persas. 336 a. C.: Es coronado Alejandro Magno. 348 a. C.: Platón muere en Atenas. 356 a. C.: Nace Alejandro Magno. 377 a. C.: Muere en Larisa, Hipócrates. 384 a. C.: Nace en Estagira, Aristóteles. 399 a. C.: Se suicida con un vaso de cicuta, Sócrates. 406 a. C.: Muere Sófocles. 425 a. C.: Muere Heródoto. 428 a. C.: Nace en Atenas, Platón. 447 a. C.: Se erige el Partenón por orden de Pericles, terminándose en el 432 a. C. 460 a. C.: Nace en la isla de Cos, Hipócrates. 470 a. C.: Nace en Atenas, Sócrates. 476 a. C.: Muere Buda. 479 a. C.: Muere Confucio. 484 a. C.: Nace Heródoto. 496 a. C.: Nace Sófocles. 497 a. C.: Muere en Metaponto, Pitágoras. 547 a. C.: Muere Tales de Mileto. 551 a. C.: Nace Confucio. 553 a. C.: Muere Zaratustra. 556 a. C.: Nace en Siddarta Gautama, Buda. 572 a. C.: Nace Pitágoras en Samos, Grecia. 587 a. C.: Los caldeos de Nabucodonosor penetran en Jerusalén. 624 a. C.: Nace Tales de Mileto. 630 a. C.: Nace Zaratustra. 750 a. C.: Nace Homero. 929 a. C.: Muere el rey Salomón. 1020 a. C.: Nace el rey Salomón. 1150 a. C.: Termina la Guerra de Troya. 1210 a. C.: Se inicia la Guerra de Troya. 1225 a. C.: Se inicia el Éxodo. 1235 a. C.: Muere Ramsés II. 1272 a. C.: Muere en el monte Nebeo, Moisés. 2500 a. C.: Se construyen las pirámides Keops, Kefrén y Micerinos. 10500 a. C.: Se construye la Esfinge en Egipto.

Querer datar con unas mínimas garantías el origen exacto de la publicidad, el punto de partida de su historia, es una tarea realmente complicada por no decir imposible, fundamentalmente porque esta misión aumenta de dificultad cuanto más nos alejamos de la actual definición de publicidad, encuadrada como herramienta vital de la planificación del marketing de las empresas.

El ser humano lleva toda su vida haciendo lo que algunas fuentes erróneamente denominan publicidad, cuando en realidad están hablando de simples actividades de persuasión. Si nos detenemos a reflexionar, llegaremos a la conclusión que nuestro quehacer diario está lleno de estos comportamientos persuasivos cuando nos relacionamos con los compañeros de trabajo, con la familia, con los amigos... De este modo, puntos de partida cargados de ciertas dosis de ingenuidad a veces, de simpatía otras, pueden ser el pasaje bíblico de Adán y Eva
 con la serpiente y la manzana, o cuando el hombre de las cavernas, tras cazar una gran pieza, colocaba la piel en la entrada de su cueva para que quedase a la vista de todo aquel que le pudiera interesar. O bien la aparición del arco iris en el cielo tras el diluvio universal. O incluso el propio obelisco de Luxor. Pero jamás esto puede ser considerado publicidad.



Otro pasaje, esta vez de la mitología romana, es cuando la diosa Venus envía a Mercurio, dios del comercio, con el siguiente anuncio: "se pone en conocimiento de todos que la hija real, llamada Psiquis, ha ofendido a Venus y se ha fugado en secreto para eludir, de esta suerte, el castigo. Si alguien la detiene o puede indicar el sitio de su escondite, que se presente al mismo Mercurio o a mí en las pirámides de Egipto. Por esto le dará Venus, personalmente, siete besos y uno muy especial, con todas las dulzuras que solamente la boca de una diosa pueden dar".






Otro punto a tener en cuenta es el que ofrecen los cartagineses (814 a. C.-308 a. C.). En ocasiones, el intercambio comercial se hace mediante el trueque silencioso, descrito por Heródoto (griego, 484 a.C.-425 a.C.) en el Tomo 4 de sus Nueve Libros de la Historia (zip con los 9 tomos en pdf): "... en la Libia, más allá de las columnas de Hércules, hay cierto paraje poblado de gente donde suelen ellos aportar y sacar a tierra sus géneros, y luego dejarlos en el mismo borde el mar, embarcarse de nuevo, y desde sus barcos dan con humo señal de su arribo. Apenas lo ve la gente del país, cuando llegados a la ribera dejan al lado de los géneros el oro, apartándose otra vez tierra adentro. Luego, saltando a tierra los Cartagineses hacia el oro, si les parece que el expuesto es el precio justo de sus mercaderías, alzándose con él se retiran y marchan; pero si no les parece bastante, embarcados otra vez se sientan en sus naves, lo cual visto por los naturales vuelven a añadir oro hasta otro tanto que con sus aumentos les llegan a contentar, pues sabido es que ni los unos tocan al oro hasta llegar al precio justo de sus cargas, ni los otros las tocan hasta que se les tome su oro". Para Heródoto, con este método nadie sale perjudicado, sin embargo es evidente que los cartagineses tienen la voz cantante y todas las de ganar.

Y es que el comercio -originalmente basado en un trueque en especie y posteriormente con una unidad monetaria de por medio- ha estado presente desde hace siglos, desde que el hombre se desarrolla social y económicamente. En este punto, el acto de anunciarse está ligado a la propia historia de las urbes. Una ciudad no puede autoabastecerse por sí misma en cuanto a sus necesidades básicas de bienes, dependiendo del comercio con otros puntos que ofrezcan lo que ésta necesita. Así pues, donde exista una ciudad, deberá existir comercio y, por lo tanto, la necesidad de llamar la atención aunque ésta se realice de la forma más rudimentaria. Además, cuando las ciudades son muy grandes, los propios artesanos corren el riesgo de pasar inadvertidos, ya que no es suficiente la calidad de sus trabajos, sino que necesitan algún tipo de reclamo para que sus clientes acudan a ellos.

Por otro lado, como hecho más cercano al cartel puede reseñarse, por ejemplo, las inscripciones sumerias y egipcias que hacen los escribas y mercaderes, así como los emblemas en relieve que se hallan en Mesopotamia, lugar de nacimiento de las primeras civilizaciones.

Precisamente en Sumeria, como muestran los escritos datados en torno al 2.700 a. C., hay una clase de comerciantes especializados y al servicio del poder, o mejor dicho, del templo, que usan el grito como forma de atracción. La publicidad oral es, por lo tanto, la primera manifestación en este sentido.

Cuenta también Heródoto que en el siglo V a. C., las caravanas de mercaderes se valen de hombres-heraldos, de voz potente y clara pronunciación, para anunciar sus productos. Relata igualmente, que en la ciudad persa de Lidia (Asia Menor) aparecen las primeras tiendas fijas con voceadores en la puerta que instan a los transeúntes a penetrar y comprar en ellas mediante frases sugestivas, costumbre que aún pervive en muchas ciudades. En las paredes de estos comercios se hacen unos agujeros que permiten ver los productos que se venden (antecedentes del escaparate). Lidia es innovadora en labores comerciales, como prueba la puesta en circulación 700 años a. C. de las primeras monedas.

En Antioquía (Turquía) quedan vestigios de lo más parecido a las vallas publicitarias: señales en las ruinas de los que otrora fueran caminos, indicando a los compradores la vía hacia las casas donde las mujeres venden una mercancía de naturaleza especial.

Y tiene especial mención el que otros consideran equivocadamente origen oficial de la publicidad, muy probablemente porque es el único vestigio escrito de aquella época que perdura hoy en día: un papiro egipcio encontrado en Tebas, de 3.000-2.000 años a. C. y que está en el British Museum de Londres: "Habiendo huido el esclavo Shem de su patrono Hapu, el tejedor, éste invita a todos los buenos ciudadanos de Tebas a encontrarle. Es un hitita, de cinco pies de alto, de robusta complexión y ojos castaños. Se ofrece media pieza de oro a quien de información acerca de su paradero. A quien lo devuelva a la tienda de Hapu, el tejedor, donde se tejen las más hermosas telas al gusto de cada uno, se le entregará una pieza de oro". Posiblemente fuese pregonado pues apenas nadie leía, por lo que su alcance original queda muy reducido. También resulta curioso que el 24 de junio de 1824, en el periódico Register, de Raleigh, Carolina del Norte (Estados Unidos), se publique un anuncio en el que se ofrece 10 dólares de recompensa para quien entregue a dos hermanos, William y Andrew Johnson, aprendices, que han huido de la sastrería James J. Selby. Andrew Johnson demostraría más tarde que valía eso y más, ya que fue elegido vicepresidente del país con Lincoln, reemplazándolo como presidente cuando éste fue asesinado en abril de 1865.

Casi todos estos pasajes, junto a lo que veremos más adelante sobre las civilizaciones griega y romana, se desarrollan desde la prehistoria (antes del 3.300 a.C.) hasta el final de la edad antigua (3.300 a.C.- 476 d.C.), con el fin del imperio romano. Atrás queda también la invención de la escritura cuneiforme por parte de los sumerios, la cual se irá desarrollando junto al comercio, dejando constancia escrita de este último a través de impuestos, leyes, contratos, etc.

Pero a pesar de toda esta enumeración antes expuesta, no sería correcto considerar ninguno de estos ejemplos como orígenes de la publicidad, ni siquiera los que aparecerán más adelante hasta bien entrado el siglo XIX. Y es que todo esto no deja de ser una antesala del verdadero caldo de cultivo de la publicidad: la Revolución Industrial en el Reino Unido (1750-1840. La 2ª sería entre 1880 y 1914) y la Revolución Francesa (1789). En el caso de la primera, sentando unas bases económicas; en el caso de la segunda, proporcionando la condiciones ideológicas, sociales y políticas que permiten acabar con los gremios y los privilegios reales, verdaderos lastres para el desarrollo de una economía libre. Antes de estos acontecimientos solo se pueden considerar anuncios dispersos, muchos sin un componente comercial, avisos más o menos disciplinados que aparecen fundamentalmente con el desarrollo de la prensa periódica, pero nada más. La prensa, que se convierte en compañero inseparable de la incipiente actividad publicitaria desde el momento que se gestiona bajo criterios empresariales y no como meros órganos o canales propagandísticos. La publicidad tiene su origen posteriormente, trayendo como consecuencia el nacimiento de las primeras agencias de publicidad y por lo tanto, la publicidad moderna. Una publicidad imposible de entender sin una interacción con otras disciplinas como el arte, la economía, la tecnología, la política, los cambios sociales y, por encima de todo, el comercio.

Cuenta el profesor Raúl Eguizabal en su obra Historia de la Publicidad: "Primero, antes del siglo XIX lo que había, excepto quizás en la Inglaterra del siglo XVIII, eran anuncios pero no publicidad, aunque, en ocasiones, empleemos tal término para referirnos a esas manifestaciones. Las calles gremiales no eran el antecedente directo de las modernas avenidas, eran otra cosa. Las enseñas medievales o los alba romanos no eran carteles primitivos, eran otra cosa. No hay continuidad estricta de unos a otros, no hay una evolución de unas formas a otras, respondían a necesidades diferentes y se insertaban en realidades distintas. Hasta tal punto no deben confundirse, por ejemplo, las calles gremiales renancentistas, repletas de muestras y enseñas, con las calles publicitarias de finales del siglo XIX, repletas de carteles, escaparates, columnas anunciadoras, etc., que los gremios fueron uno de los principales obstáculos para que se diese publicidad".

 




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