El televisor se convirtió, desde el primer momento, en un símbolo de prosperidad para todas aquellas familias que dejaron de ir al bar, o a casa del vecino, para ver su programa favorito o el partido de fútbol del fin de semana. Aquel tubo catódico fue, qué duda cabe, en una de las conquistas más importantes de la incipiente clase media.
La decoración que surgió alrededor del nuevo miembro de la familia, nos revelaba su importancia. Se le vestía sin medida alguna. Así, comenzaron a proliferar tapetes hechos con crochet, portaretratos, floreros e, incluso, aquellas famosas figuras de flamencas y toros. Como se puede ver en una de las fotografías de esta muestra, algunos incluso llegaron a plantarle el árbol de Navidad y el mismísimo Belén.
La idea de crear un hogar acogedor, se extendió a aquel recién llegado, que pronto se mimetizó con el resto de la decoración de la casa.